“Si, queda por la ruta… ni bien entrando a Carcarañá. En frente de la estación de servicio, no le podés errar… Hay dos balas en el ingreso”.

Entonces una vez dentro me doy cuenta de que el piso está lleno de casquitos dorados de metal y pregunto inocente: “¿Estas son balas?”
Me responden con una risa educada. “Las balas salen caras, no las tendríamos tiradas así. Estas son vainas” y me explican la diferencia.
Hasta el momento las dos únicas balas que había visto en mi vida habían sido las dos gigantes de cemento, amarillas y blancas, que indican el ingreso.
“Nosotros somos un club. Acá en Carcarañá tenés el Cremería, el Campaña y nosotros, el Tiro Federal. Pero la gente no nos ve como un club, porque no es algo común”.
Desde el primer momento se puede ver el aspecto social del club.
Tuve que esperar unos minutos a que me atiendan porque adentro, en una oficinita administrativa estaban viendo unas fotos de la década del 40.
“Mi abuelo venía a tirar acá, venían de traje y corbata (risas)”
Las armas son una excusa. En el Tiro Federal de Carcaraña se conocen todos. Se juntan a charlar de armas, entre mate y café. Alguno llega con una novedad, con algún fierro nuevo. Todos lo prueban. «La principal ventaja de usar un arma ajena es que después no te tenes que encargar de limpiarla».
«Esto es una competencia contra uno mismo, uno trata de superarse constantemente»
Ezequiel es el instructor de tiro del Tiro Federal de Carcarañá. Es joven pero tiene la voluntad de controlar a los más grandes. La seguridad es lo primero.
Se lo ve constantemente preocupado por hacer que se cumplan las normas de protección.
Hay un protocolo de luces, sonidos y protectores auditivos y oculares.

Si Ezequiel hace sonar el timbre y grita “ALTO EL FUEGO!”. Todos deben dejar sus armas correctamente apoyadas y con el cargador quitado.
“Vos te vas a reir, pero jugar al fútbol es más peligroso que esto”
Y estadísticamente es verdad. Se registran más accidentes en otros deportes tradicionales como el Fútbol o el Rugby que en el tiro deportivo.
Los tiradores se jactan de ser responsables y tratan de demostrarlo todo el tiempo. Hay algo de “hermandad” en el club de tiro. De cuidarse entre ellos y de buscar diferenciar permanentemente el deporte con las armas ilegales.
Dentro del tiro compiten entre ellos. Pero no a pegarle al blanco. Compiten entre ellos por demostrar quién sabe más o quién cuida mejor su arma.
– «Juan tira con 9 milímetros, a las carabinas no las puede ni ver».
-Y Juan desde al lado responde- «Eso es un “pedito de vieja”, esta es un arma de verdad» (dice mientras muestra su Glock 9mm)
Todos rien.

Hay cierta ambigüedad respecto a la regulación. Por un lado la celebran pero están todo el tiempo a la defensiva.
“Para ser legítimo usuario tenés que tener todo en regla, tienen tu domicilio, tu apto psicofísico… Y cuando pasa algo le vienen a tocar la puerta a los legítimos usuarios, no a los chorros, acá el problema son las armas ilegales”
Alguno que otro se anima a confabular:
“El negocio de la regulación lo tiene Moyano, por eso los psicólogos que te controlan cobran dos lucas”
